De primera mano

Lo que he vivido y lo que he ido a comprobar. Un email al día, de lunes a viernes.

JUAN MANUEL FERRERA

Dieciocho años educando a mis hijos en casa, contados por escenas.

Llegué a España desde Australia viudo, con Arjuna de diez años y Nitai de ocho. El español era su primera lengua, pero en cuatro años de Australia acabamos hablando inglés en casa y lo habían perdido. No tenía plan pedagógico, ni currículo, ni la menor idea de lo que estaba haciendo.

Les enseñé el idioma con palos de colores escondidos en el puño, a ver quién gritaba antes el color. En tres meses hablaban.

Lo que vino después son dieciocho años sin colegio la mayor parte del tiempo. Hoy son dos adultos que piensan por su cuenta.

Qué hay dentro

El paquete de cigarrillos que dejé a su alcance, y lo que contestó Arjuna en la calle cuando le ofrecieron.

La tienda de chuches donde les dije que cogieran lo que quisieran.

Lo que le dije al director del colegio sobre los deberes, y por qué los lunes no iban nunca.

El reloj de cocina que puse encima de la mesa cuando llegó la adolescencia y ya no se hablaba, sino que se llevaba la contraria.

La tarde que fuimos a Correos en vez de leer la lección sobre el sistema postal. La habitación que pintamos midiendo las paredes.

Y al final, la parte legal: en España esto es una zona gris y conviene saber por dónde se pisa antes de pisar.

Qué no hay

No es un manual y no te dice lo que tienes que hacer. No hay método, ni pasos, ni programa por edades.

Tampoco hay prueba. Tuve dos hijos y una vida, y aquello no se puede repetir para ver si vuelve a salir igual. No sé cómo habrían salido en un colegio normal, y quien te diga que sí lo sabe, te está vendiendo otra cosa.

Lo que hay son escenas: qué hice, cuándo, y cómo acabó. Con los errores dentro, que fueron muchos.

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