11.08.2026
Se te muere alguien
A Yukari le diagnosticaron el cáncer cuando tenía veintiocho años. Nos fuimos a Australia buscando una escuela para los niños y otra oportunidad para ella. Murió allí. Veintinueve.
Me quedé con dos críos de cinco y tres años en un país que no era el mío.
De lo que me dijo la gente en esas semanas no recuerdo una sola frase. Todas eran verdad y ninguna servía. “Está en un lugar mejor.” “El tiempo lo cura.” “Era muy buena persona.”
Lo que sí recuerdo es haberme sentado con un libro a buscar qué decía sobre esto exactamente. No consuelo: información. Qué pasa cuando alguien se muere.
Y el texto no consuela. Eso es lo primero que hay que entender de él. No te dice que no duela. Te dice otra cosa, más dura y más útil:
Nunca hay nacimiento ni muerte para el alma. Ni habiendo sido una vez deja de ser jamás. Ella no nace, es eterna, siempre existente, inmortal y primordial. No se la mata cuando se mata el cuerpo.
Bhagavad-gītā 2.20. Edición de 1972.
Fíjate en lo que no dice. No dice que la volverás a ver. No dice que hay un sitio mejor. No promete nada.
Lo que a mí me sostuvo no fue la esperanza de volver a verla. Fue entender que lo que yo estaba llorando y lo que ella era no eran la misma cosa.
Tardé años en asimilarlo del todo. Pero desde el primer día me dio dónde poner los pies.