De primera mano

Lo que he vivido y lo que he ido a comprobar. Un email al día, de lunes a viernes.

JUAN MANUEL FERRERA

15.09.2026

Propuesta de Comercio Sostenible

En mayo de 2011 las plazas públicas de España estaban llenas de gente. Escribí entonces una propuesta y la mandé al 15-M: que se diera a conocer el sistema LETS, intercambiar bienes y servicios sin que el dinero pase por medio, que ya funcionaba en otros países.

Lo expliqué con un cuento, porque era más rápido.

Había unos chavales que jugaban al fútbol con una pelota de cuero. El problema era el dueño de la pelota: cada vez que había que decidir algo amenazaba con llevársela si no le hacían caso. Aquello era hace años, cuando una pelota de cuero era un lujo.

Hartos, un día decidieron hacerse una pelota de trapo. Cada uno llevó calcetines viejos de su casa y la madre de uno la cosió. El que haya jugado con una pelota de trapo sabe que se juega bastante bien. Desde entonces jugaron sin interrupciones y sin malas caras.

Y yo terminaba el cuento diciendo que al cabo de un tiempo el niño de la pelota de cuero, solo y aburrido, les dijo que se la prestaba sin condiciones.

Quince años después te señalo lo que sobra de ahí: el final.

Eso no pasa. El de la pelota de cuero no se aburre, y si se aburre se compra otra cosa. Lo puse porque quedaba bien y porque en mayo de 2011 todo el mundo estaba convencido de que aquello iba a cambiar. Las plazas se vaciaron y el sistema financiero sigue exactamente igual.

Lo que no sobra es la parte de en medio, que es la que nadie mira: la pelota de trapo funcionó. Jugaron.

Yo he vivido años así. De monje no tenía dinero propio: lo que se recaudaba cada día se ingresaba entero, y lo que te hiciera falta te lo daba el que lo tuviera. Comida, ropa, un sitio donde dormir, un billete de tren. Aquello funcionaba, y funcionaba bien.

Pero funcionaba porque nos conocíamos. Ahí está el límite, y conviene decirlo en vez de vender humo: un intercambio sin dinero no aguanta el anonimato. Hace falta saber quién es el otro y volvértelo a encontrar mañana. En un pueblo funciona. En una ciudad de un millón, no.

El texto lo dice con una palabra que no es amable:

Los semidioses que están a cargo de las diversas necesidades de la vida, al estar satisfechos con la ejecución de yajña (sacrificio), abastecen todas las necesidades al hombre. Pero aquel que disfruta de estos dones sin ofrecérselos de vuelta a los semidioses, ciertamente es un ladrón.

Bhagavad-gītā 3.12. Edición de 1972.

Ladrón. No dice avaro ni egoísta. Dice ladrón, y está hablando del que recibe y no devuelve nada.

Para eso no hace falta montar una moneda paralela ni esperar a que se llenen las plazas. Basta con no ser el niño de la pelota.

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