De primera mano

Lo que he vivido y lo que he ido a comprobar. Un email al día, de lunes a viernes.

JUAN MANUEL FERRERA

28.08.2026

Expediente 7. El primer templo Hare Krishna de España

El primer templo Hare Krishna que hubo en España era una casa con jardín en Tiana, a veinte kilómetros de Mataró, donde yo vivía. Año 1975.

Los devotos que lo abrieron habían venido de Francia, y a Francia se volvieron. Se quedó uno solo, un brahmachari, un monje, que se llamaba Padambhuja. Fue el primer devoto de Krishna que vi en mi vida.

La sala era grande, con esterillas en el suelo, y había poca gente. Algunos hippies con instrumentos. Lo que me chocó fue que al entrar se inclinaban y tocaban el suelo con la cabeza. Luego comí allí, escuché la filosofía y canté.

Íbamos los domingos. Para poder ayudar llegábamos antes de la fiesta, por la mañana, y mi primera tarea fue exprimir naranjas. Esa fue también mi primera experiencia de lo que llaman servicio devocional.

Uno de aquellos domingos volví a casa con una certeza. Tenía catorce años y no sabía casi nada, pero eso sí lo sabía: que aquello era lo mío, y que algún día yo sería un Hare Krishna.

Y ahora la parte que no me deja bien. Otro domingo llegamos y no había nadie. Se habían ido todos a Francia. Mi amigo era de los echados para adelante, forzó una puerta y entramos. Nos llevamos una mridanga, el tambor de barro, y dos libros: un Bhagavad-gītā en francés y uno sobre el Señor Caitanya en inglés.

La mridanga se nos rompió en el tren, volviendo a casa.

Le robé un tambor a los únicos que no querían nada. Porque eso era lo que tenían aquellos devotos, y por eso a nosotros nos parecían de otra galaxia: estaban enteros en lo suyo, sin nada personal que defender. Brillaban. Parecía que te leían la mente.

Prabhupada estaba todavía en el planeta, y aquello se notaba.

Aquel Bhagavad-gītā en francés fue el primero que tuve en las manos. Después me he pasado cuarenta y cinco años poniendo esos libros en las manos de otros, decenas de miles, por la calle.

Yo no lo llamo casualidad. El propio Gītā lo dice de sí mismo:

En este esfuerzo no hay pérdida ni disminución y un pequeño avance en esta senda te puede proteger del más peligroso tipo de temor.

Bhagavad-gītā 2.40. Edición de 1972.

Empecé robando uno. Ni eso se perdió.

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