11.09.2026
Necesitamos líderes, no administradores
En Vrindavan, India, hay una sucursal del Banco Canara. En la pared tenían colgada una lista sobre lo que distingue a un líder de un administrador. En un banco. Me la copié.
Decía cosas así:
Un líder innova; un administrador administra. Un líder desarrolla; un administrador mantiene. Un líder se centra en las personas; un administrador se centra en los sistemas. Un líder inspira confianza; un administrador se apoya en el control. Un líder pregunta qué y por qué; un administrador pregunta cómo y cuándo.
Ninguna de las dos columnas es mala. El problema es cuál de las dos pones al mando cuando hay que cambiar algo, porque un administrador no cambia nada: ése no es su trabajo. Su trabajo es que lo que hay siga funcionando igual mañana.
Y lo que pasa en las instituciones es que el que asciende casi siempre es el segundo. Porque no da problemas, porque los números le cuadran y porque nadie se queja de él. El primero incomoda: pregunta por qué, mira a diez años y mueve a la gente de sitio.
Te conté hace unos días que levanté un templo desde cero y que me echaron los de dentro. No me echó nadie que quisiera hacer algo distinto. Me echó gente que quería que las cosas siguieran exactamente igual.
El texto es tajante con esto, y no habla de organigramas:
Los hombres comunes siguen los pasos de un gran hombre, cualquiera que sea la acción que éste realice. Y cualesquiera que sean las pautas que él establezca mediante sus actos ejemplares, el mundo entero las sigue.
Bhagavad-gītā 3.21. Edición de 1972.
Fíjate en dónde pone el peso: en lo que el hombre hace, no en lo que dice ni en el cargo que ocupa. El comentario lo resume con un ejemplo que no admite discusión: un líder no puede enseñar a la gente a dejar de fumar si él fuma.
Ahí está la diferencia entera. Un administrador puede prohibir fumar y hacerlo cumplir. Un líder tiene que dejarlo él primero.
Por eso hay tantos administradores. Sale mucho más barato.