De primera mano

Lo que he vivido y lo que he ido a comprobar. Un email al día, de lunes a viernes.

JUAN MANUEL FERRERA

18.09.2026

Los hermanos

Con tu hermano no te peleaste. Eso es lo raro del asunto.

No hubo portazo ni frase que no se pueda perdonar. Hubo llamadas que no devolviste, cumpleaños que se pasaron, cosas que había que decir y nunca fue el momento. Y un día llevabais dos años sin hablar y ninguno de los dos sabía decir exactamente desde cuándo.

Debajo casi siempre hay lo mismo, y es una comparación que empezó cuando erais críos y que nadie retiró nunca. Uno era el responsable y el otro el creativo. Uno el que iba a llegar y el otro el que preocupaba. Se repartieron los papeles con seis y nueve años, y a los cincuenta seguís representándolos.

Lo peor es que la comparación duele en las dos direcciones. El que salió bien mira al otro por encima del hombro y por debajo le envidia la libertad, porque él cargó con lo que se esperaba de la familia. El que salió raro se siente el fracaso y le envidia la aprobación que nunca le tocó. Ninguno de los dos está tranquilo, y los dos creen que el tranquilo es el otro.

El texto que yo manejo empieza exactamente aquí, y esto conviene saberlo: no es un libro sobre el alma que de pasada menciona una familia. Es al revés. La primera frase del libro entero, antes que ninguna otra cosa, es un padre ciego preguntando por sus hijos:

Dhṛtarāṣṭra dijo: ¡Oh Sañjaya!, ¿qué hicieron mis hijos y los hijos de Pāṇḍu, después de reunirse en el lugar de peregrinaje de Kurukṣetra, con deseos de pelear?

Bhagavad-gītā 1.1. Edición de 1972.

Fíjate en cómo lo dice: mis hijos y los hijos de Pāṇḍu. Son primos, criados juntos, familia. Y en la misma frase ya están separados en dos bandos por la boca del que los quiere.

Ahí está el mecanismo. La división no la inventaron ellos en el campo de batalla. Venía de casa, de mucho antes, de la manera de nombrarlos.

Y hay un detalle que a mí me parece lo más duro del verso: eso pasa en un lugar de peregrinaje. En el sitio al que se va a purificarse. También en las bodas y en los entierros, que es donde se junta la familia y donde se abre lo que llevaba años cerrado.

No te voy a decir que llames a tu hermano. Lo que te digo es que mires quién repartió los papeles, porque no fuisteis vosotros, y que ninguno de los dos está obligado a seguir haciendo el suyo.

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