25.08.2026
Esperabas otra cosa
Hiciste lo que había que hacer y no salió como tenía que salir.
Trabajaste bien y ascendió otro. Criaste bien y tu hijo no llama. Fuiste leal treinta años y te apartaron. Cuidaste tu salud y enfermaste igual.
Esa distancia entre lo que pusiste y lo que recibiste es donde vive casi todo el sufrimiento evitable de una vida.
Yo he vendido decenas de miles de libros en la calle, y la calle enseña esto mejor que cualquier maestro. Sales un martes, haces todo bien, hablas con cincuenta personas, y vuelves a casa con dos libros vendidos. Sales el miércoles, con peor cara y menos ganas, haces exactamente lo mismo, y vendes veinte. Nadie que no haya estado en una esquina un día entero se cree que la diferencia no la pones tú.
Si lo mides por lo que vendes, unos días eres bueno y otros eres malo, y ninguna de las dos cosas es verdad. Lo único que fue tuyo de verdad es que saliste.
Hay un texto que tiene una respuesta para esto que es probablemente la idea más famosa y la peor entendida:
Tienes derecho a desempeñar tu deber prescrito, mas no a los frutos de la acción. Nunca consideres ser la causa de los resultados de tus actividades y jamás te apegues al incumplimiento de tu deber.
Bhagavad-gītā 2.47. Edición de 1972.
Casi todo el mundo la lee como conformismo. Es lo contrario. Un conformista no sale el martes.
Es lo único que he encontrado que te permita seguir actuando cuando los resultados no acompañan, que es justo cuando hay que seguir actuando.
Llevo cuarenta y cinco años dedicado a esto y a los sesenta acabé viviendo en una furgoneta. Si midiera con la vara de los resultados, la conclusión sería que he perdido el tiempo. No la mido con esa vara. Por eso mañana vuelvo a salir.