De primera mano

Lo que he vivido y lo que he ido a comprobar. Un email al día, de lunes a viernes.

JUAN MANUEL FERRERA

31.08.2026

El paquete de cigarrillos

Cuando mis hijos tuvieron edad de querer fumar a escondidas, dejé un paquete de tabaco en un mueble, a su alcance. Quedaban unos cuantos dentro.

Les dije: esto está aquí para el que quiera fumar.

Pasaron meses y el paquete seguía entero. Les pregunté si no querían probar. Me miraron como se mira a alguien que acaba de decir una tontería. «Papá, ¿estás bien de la cabeza?»

No hubo sermón. No les enseñé fotos de pulmones negros.

La prueba de verdad vino después, fuera de casa. A Arjuna empezaron a ofrecerle unos chavales mayores. Tabaco primero y luego otras cosas. Decía que no. Insistían. Volvía a decir que no.

Un día, harto, les soltó: «Yo no lo hago porque no quiero. Porque mi padre me deja.»

Se quedaron asombrados. Uno dijo que a él su padre lo mataba. Otro que lo encerraba un mes. Otro que de esas cosas ni se hablaba en casa.

Arjuna había dado solo con algo que yo nunca le expliqué: cuando tienes permiso, no te hace falta rebelarte. La rebeldía se queda sin sitio cuando no hay nada contra lo que rebelarse.

Con los dulces hice lo contrario. Los llevé a una tienda de chuches y les dije que cogieran lo que quisieran. Llenaron una bolsa cada uno y se hincharon durante horas. Les dolió la barriga y no quisieron dulces en semanas. Después, con higos secos y dátiles en casa, ya había bastante.

No prohibí nada ninguna de las dos veces. Solo les dejé llegar hasta el final y ver qué había allí.

Es lo más parecido a un método que tengo, y ya ves que no da para un manual.

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