17.08.2026
El miedo que aparece a las cuatro de la mañana
No el miedo a algo concreto. El otro. El que llega sin que le hayas llamado y sin que puedas señalar exactamente a qué.
He tenido épocas así. La peor no fue cuando murió mi mujer, que eso era dolor, y el dolor tiene forma y tiene fondo. Fue durante el año de la furgoneta, cuando no sabía qué iba a pasar y no dependía de mí.
Todos los consejos que me dieron atacaban el contenido del miedo. Resuelve el problema y se te quita. Pero el problema no se podía resolver, y aun así había que dormir.
El Gītā va por otro lado. Mete el miedo en la misma frase que el apego y la ira, como si fueran la misma pieza:
Estando liberadas del apego, del temor y de la ira, estando completamente absortas en Mí y refugiándose en Mí, muchísimas personas en el pasado se purificaron por medio del conocimiento sobre Mí –y así, todas ellas alcanzaron amor trascendental por Mí.
Bhagavad-gītā 4.10. Edición de 1972.
Yo lo leo así: no dice quítate el miedo; dice que el miedo se va cuando la cabeza está llena de otra cosa. Es un desalojo, no una batalla.
Y algo que aprendí sin buscarlo, y que no está en el verso: el miedo se alimenta de futuro. Solo puede existir en un tiempo que todavía no está aquí. Por eso la disciplina diaria funciona contra él, y no porque te distraiga. Funciona porque te devuelve a una hora concreta con una tarea concreta, que es el único sitio donde el miedo no cabe. A las cuatro de la mañana no hay tarea que te devuelva. Por eso es su hora.